¿Conviene invertir en fondos de renta fija?

Aunque todos apuntan a los fondos de acciones como la gran apuesta para este año de recuperación económica, no conviene olvidar que los fondos de renta fija ofrecen la posibilidad de reducir el riesgo de su cartera.

Fernando Luque 18/02/2002
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Todas las encuestas realizadas a los gestores de fondos de inversión apuntan a que el año 2002 debería ser un año favorable para las bolsas. En la última encuesta Morningstar, por ejemplo, el 96% de las gestoras encuestadas afirman que la renta variable será más rentable que la renta fija en los próximos 12 meses.

Entre los argumentos más citados por los especialistas figuran la próxima recuperación de las economías, las fuertes bajadas de tipos de interés impulsadas por las autoridades monetarias (tanto por parte de la Reserva Federal norteamericana como por el Banco Central Europeo) que tarde o temprano impulsarán las cotizaciones así como los dos años de caídas consecutivas que han vivido los mercados bursátiles.

Por otra parte, muchos analistas apuntan también la posibilidad de que, al calor de la recuperación económica, los tipos de interés, tanto a corto plazo como a largo plazo, experimenten alguna que otra subida. Esto tendría lógicamente un impacto negativo en los fondos de renta fija a largo plazo ya que un aumento en los tipos a medio-largo plazo se traduce irremediablemente en caídas en los precios de las obligaciones cotizadas en los mercados y, por consiguiente, también en los valores liquidativos de los fondos que invierten en ellas (es decir en los fondos de renta fija euro a medio largo plazo).

Ante esta visión de mercado (positiva para las bolsas y ligeramente negativa para la renta fija pública) conviene preguntarse si merece la pena invertir este año en fondos de renta fija. La respuesta es sí. ¿Un escenario demasiado optimista? En primer lugar no está nada seguro que las economías vayan a recuperase de forma vigorosa a corto plazo. Es indudable que hemos visto lo peor de la desaceleración pero quedan aún muchas incertidumbres sobre cuándo y cómo saldremos de ella (algunos analistas apuntan incluso la posibilidad de un doble fondo en la economía norteamericana).

Por último, no todos los analistas barajan la hipótesis de una subida de tipos de interés a largo plazo a lo largo de este año y si se produce tampoco debería ser un movimiento muy pronunciado ya que, por el momento, los niveles de inflación se mantienen bajo control tanto en la zona euro como en Estados Unidos.

Por lo tanto, siempre y cuando el horizonte de inversión sea el largo plazo conviene dedicar una pequeña parte de la cartera a fondos de renta fija. El porcentaje a incluir dependerá de muchos factores entre los que destacan sobre todo el nivel de riesgo (a mayor tolerancia al riesgo, menor deberá ser el peso dedicado a los fondos de renta fija) y la rentabilidad esperada (a mayor rentabilidad esperada, mayor deberá ser el porcentaje de los fondos de renta variable y, por lo tanto, menor el de los fondos de renta fija). Diversificación El motivo para incluir fondos de renta fija en una cartera no es otro que el de la diversificación. Permiten en efecto reducir su volatilidad. Esto significa que una cartera compuesta por fondos de acciones y fondos de obligaciones sufrirá menos altibajos que una cartera compuesta únicamente por fondos de acciones.

Por ejemplo, si comparamos la evolución en los últimos cinco años (de enero del 97 a enero del 2002) de una cartera compuesta por el IBEX 35 con una compuesta 50% por el IBEX y 50% por un índice de deuda a largo plazo (vea gráfico a continuación), vemos que la rentabilidad de la cartera 50-50 (7,5% anual) se sitúa a medio camino entre la del IBEX 35 (8,6% anual) y la del índice de deuda pública (6,7% anual) pero su volatilidad (13% anual) es prácticamente la mitad de la del IBEX 35 (25% anual).

Por otra parte, también es interesante indicar que la pérdida máxima que hubiéramos sufrido si hubiéramos invertido la totalidad de nuestra cartera en el IBEX (42% entre febrero del 2000 y septiembre del 2001) se hubiera reducido a la mitad (-19%) si hubiéramos repartido equitativamente nuestra cartera mitad en acciones españolas y mitad en obligaciones.



Ahora bien, el que los fondos de renta fija permitan reducir la volatilidad o el riesgo de una cartera no significa, en absoluto, que este tipo de fondos esté libre de riesgo. Como ya hemos comentado en algún que otro artículo (vea artículos relacionados) su evolución no sólo estará marcada por el nivel de los tipos de las obligaciones existentes en el mercado sino también por las posibles variaciones de esos tipos de interés (si una bajada implica una revalorización para los fondos de renta fija, una subida de tipos trae consigo una pérdida de valor para estos fondos). Por ello, no podemos descartar caídas en los valores liquidativos de estos fondos como ocurrió en los años 94 y 99 (vea el gráfico a continuación en el que se compara la evolución año a año del IBEX 35 y de un índice de deuda a medio-largo plazo).



Por otra parte, el que los fondos de renta fija constituyan una buena forma para diversificar una cartera de acciones tampoco significa que obtendrán necesariamente ganancias en los años en los que la renta variable se comporte negativamente. Un buen ejemplo de ello ocurrió en el 94. En ese año tanto los fondos de acciones como los de renta fija registraron caídas en sus valores liquidativos.

Incluso, puede ocurrir que mientras su fondo de acciones obtenga rentabilidades positivas su fondo de renta fija registre caídas. Esto fue lo que ocurrió en el año 99. Rentabilidades pasadas... En todo caso, el que invierta en fondos de renta fija debe ser consciente de que será muy difícil (por no decir imposible) repetir las rentabilidades conseguidas en el pasado. En efecto en estos últimos diez años (vea las barras TOT en el gráfico) el índice de deuda pública a medio-largo plazo ha conseguido obtener una rentabilidad de casi el 10% anual (una rentabilidad muy parecida a la obtenida por el IBEX 35 en ese mismo plazo).

Si nos centramos más en el comportamiento de los propios fondos de renta fija a largo plazo, estos han alcanzado rentabilidades algo inferiores, en torno a un 6,7% anual de media en los últimos diez años (mientras que los de renta variable nacional han conseguido una rentabilidad media del 11,6% anual).

Estas rentabilidades han podido registrarse gracias en primer lugar a los altos tipos de interés que hemos tenido en esta última década (para los que no se acuerdan en los años 92 y 93 los tipos de las obligaciones a 10 años aún estaban por encima del 10% mientras que hoy en día están en torno al 5%) pero también y sobre todo al proceso de reducción de tipos de interés (o convergencia de tipos respecto a los de los demás países de la zona euro) vivido en ese periodo.

Evidentemente hoy no podemos esperar una bajada similar en los tipos de interés por lo que es difícil que se repitan las mismas rentabilidades para los fondos de renta fija. No obstante, aunque su rentabilidad futura no será tan espectacular como la de años anteriores no cabe duda de que los fondos de renta fija constituyen un instrumento necesario si uno quiere reducir el riesgo de su cartera.
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Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es

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