¿Cuál es la distribución de activos óptima para la jubilación?

Una nueva manera de evaluar las estrategias de inversión de cara a la jubilación...

John Rekenthaler 26/12/2018

Invertir para la jubilación es sencillo: invierta en renta variable tanto como le sea cómodo, contribuya regularmente, mantenga los costes bajos y deje que el tiempo haga su trabajo. Invertir durante la jubilación es mucho más complejo. Otras consideraciones adicionales incluyen el establecimiento de la tasa de rescate, la determinación del horizonte temporal y la decisión de la flexibilidad para administrar tanto la cartera como la tasa de rescate en respuesta a las crisis bursátiles.

Esta columna examina cómo las propuestas de distribución de activos para la jubilación se ven afectadas por las proyecciones del mercado de valores. La fuente es un documento de trabajo titulado "Toward Determining the Optimal Investment Strategy for Retirement" (Hacia la determinación de la estrategia óptima de inversión para la jubilación), del profesor Javier Estrada del IESE Business School y Mark Kritzman de Windham Capital Management.

Los autores emplean una nueva medida útil que llaman el índice de cobertura para medir el éxito de una estrategia de inversión. Más adelante, esbozaré sus propiedades, pero para los propósitos de esta discusión, esos detalles no son necesarios. Lo que importa es que el índice de cobertura es una manera sólida y razonable de calificar el éxito de la inversión de una estrategia para la jubilación y que opera de manera conservadora, penalizando el fracaso más que recompensando el éxito. Por lo tanto, no llega a posiciones altas en renta variable a la ligera.

Para todos los análisis, el horizonte temporal se fija en 30 años. La tasa de rescate es igualmente estable, del 4% en términos reales. Es decir, el rescate del primer año se fija en el 4% de la inversión inicial, y cada rescate posterior coincide con el del año anterior después de haber sido ajustado por la inflación. Las carteras se reequilibran anualmente.

¿Qué ocurrió?

El análisis comienza mirando hacia atrás. ¿Qué habría funcionado en el pasado? Para ese ejercicio, los autores utilizan una fuente de datos exhaustiva, que proporciona 86 períodos de rentabilidades totales a 30 años para 1) acciones y 2) bonos, comenzando con el periodo 1900-29 y terminando con el periodo 1985-2014, de 21 países. El resultado: ¡acciones, acciones, acciones! De acuerdo con la tasa de cobertura, la mejor distribución de activos para 12 de los 21 países, desde 1900, habría sido tener el 100% en acciones. Las asignaciones más bajas corresponden a Suecia (!) y Portugal, con un 60% (en el caso de España es del 70%).

Esas cifras parecen altas, obviamente. Como el cálculo de la tasa de cobertura utiliza la tolerancia al riesgo como input, surge la sospecha de que los autores modelaron a inversores inusualmente agresivos. Sin embargo, disipan esa duda al aumentar la penalización por quedarse corto y disminuir la recompensa por la creación de activos heredados. Independientemente de estos ajustes, las recomendaciones de renta variable de EE.UU. nunca caen por debajo del 80%.

Los autores explican: "Sospechamos que nuestro enfoque produce estrategias relativamente agresivas por dos razones. En primer lugar, la prima de riesgo de la renta variable fue relativamente alta en la mayoría de los mercados de nuestra muestra; y, en segundo lugar, utilizamos un período de jubilación de 30 años, y para horizontes de inversión tan largos, las acciones han superado con creces la rentabilidad de los bonos".

Todo eso está muy bien. Sin embargo, como señalan los autores, los inversores no pueden aprovechar el pasado. En su lugar, deben experimentar lo desconocido, lo que podría traer menores ganancias bursátiles, mayor volatilidad y/o secuencias de rentabilidad menos favorables. Es útil conocer la historia, pero no hay que confiar únicamente en ella.

¿Qué podría pasar?

Por lo tanto, los autores consideraron la parte desagradable. Fijaron el rendimiento de los mercados de bonos en una rentabilidad media anual del 2% real (la norma histórica de EE.UU.) y una desviación estándar media del 3% (optimista). Luego recortaron la rentabilidad media anual a largo plazo de la bolsa que es del 6,4% real. Además, incrementaron la volatilidad. La desviación estándar anual a largo plazo del mercado de valores de EE.UU. es del 18%; los autores probaron cifras que van hasta el 30%. Luego hicieron sus simulaciones de Monte Carlo.

 

 

Ambos conjuntos de cambios, los relativos a la rentabilidad y los relativos al riesgo, tuvieron importantes efectos.

Reducir a la mitad la rentabilidad real del mercado de valores, de un poco más del 6% a un 3%, disminuye drásticamente la ponderación de la renta variable en todos los niveles de volatilidad. En la desviación estándar más tranquila evaluada, una media anual del 15%, la posición de renta variable sugerida desciende del 100% al 50%. Para todos los demás niveles de volatilidad, disminuye aún más. Si las acciones no ganan mucho más que los bonos, no ayudan mucho a una cartera.

Probablemente uno lo sospechaba, aunque es útil ver los números específicos para poner cifras a la intuición. De lo que quizás uno no se haya dado cuenta es que la volatilidad perjudica el atractivo de las acciones tanto como la reducción de las rentabilidades totales. Duplicar la volatilidad mientras se mantiene fija la rentabilidad tiene un efecto similar al de reducirla a la mitad la rentabilidad mientras se mantiene fija la volatilidad. Las palancas de retorno y de riesgo tienen la misma fuerza.

Esto puede resultar sorprendente, ya que los rendimientos se consideran generalmente tangibles, mientras que el riesgo es psicológico. Pero esa dicotomía no es válida para las estrategias de rescate, en las que el reembolso de dinero de una cartera cuyo dinero se agota puede conducir a un círculo vicioso, en el que los rescates se convierten en un porcentaje tan grande de los activos de la cartera que la inversión entra en una espiral de muerte.

En resumen: Si la historia se repite al menos un poco, los jubilados que realmente poseen un horizonte de 30 años (a veces se puede ser optimista sobre estas cosas) prosperarán con carteras cargadas de acciones. Sin embargo, si los rendimientos son sustancialmente más bajos, o el riesgo sustancialmente más alto, entonces una asignación 50/50 funcionará mejor. En caso de que ambos eventos ocurran, entonces lo mejor será tener únicamente bonos.

 

Nota: Ratio de Cobertura

En su forma básica, la tasa de cobertura se grafica como una línea recta. Divide el tiempo durante el cual una distribución de cartera puede mantener su tasa de rescate entre la duración del período de jubilación considerado. Por ejemplo, si la cartera sobrevive durante 27 años antes de agotarse, y el período de jubilación se establece en 30 años, entonces la relación de cobertura es de 27/30 = 0,9. Del mismo modo, si la cartera tiene una duración de 33 años, la tasa de cobertura será de 33/30 = 1,1.

Esta línea recta se modifica con un factor de tolerancia al riesgo, de manera que los déficits se penalizan más que las ganancias inesperadas. En la práctica, por lo tanto, la tasa de cobertura de una cartera que sobrevive 27 años podría calcularse en 0,85, o incluso 0,80. Por el contrario, la cartera que dura 33 años no recibiría una ratio de 1,1. Esa cantidad se descontaría para reflejar el hecho de que el exceso de dinero es menos importante que no sufrir un déficit.

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Sobre el Autor

John Rekenthaler  is vice president of research for Morningstar.