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La deuda emergente ya no asusta

En los últimos doce meses, la categoría de fondos de bonos emergentes ha sido una de las más rentables, con una ganancia de dos dígitos.

La gran pregunta ahora es si estos fondos pueden seguir registrando semejantes rentabilidades o si, por el contrario, se ha acabado el rally.

Es relativamente fácil identificar por qué esta categoría de fondos se ha comportado tan bien en estos últimos meses. Probablemente, el motivo más evidente es la mejora de lo que los gestores llaman los “fundamentales de crédito”. Básicamente, los grandes países emergentes deudores están en una mejor situación que en cualquier momento del pasado. Jeff Grills, gestor de deuda emergente en JP Morganb Fleming indica que “el año pasado, los mercados se recuperaron de una situación de extrema debilidad”.

Latinoamérica, por ejemplo, sigue recuperándose de la crisis que padeció el pasado verano: Argentina incumplió sus compromisos de deuda en 2001 y existía el temor de la victoria de un gobierno radical en Brasil. Pero la situación ha mejorado significativamente en la región. El gobierno brasileño, por ejemplo, ha resultado ser más favorable a los mercados financieros de lo que muchos esperaban y Argentina parece recuperarse de su particular colapso económico.

Mejoran las expectativas

Las perspectivas para otros países que sufrieron alguna crisis en el pasado también están mejorando. Rusia, por ejemplo, que incumplió sus compromisos de deuda en 1998, se está comportando bastante bien, gracias, en particular, a los relativos altos precios del crudo. En cuanto a Turquía, aunque está fuertemente endeudada, también parece estar cerca de resolver sus problemas.

El entorno económico general para los países emergentes ha mejorado igualmente. Muchos de ellos se han beneficiado del aumento del precio de las materias primas, lo que les ha permitido reducir sus déficits por cuenta corriente.

Evidentemente, siempre pueden surgir inesperadas dificultades en los mercados emergentes. Es así, casi por definición. Pero también es cierto que la percepción de riesgo de estos mercados ha disminuido respecto al pasado.

Una de las medidas fundamentales en esa percepción de riesgo es lo que se conoce como el “spread” de la deuda emergente. Esta medida corresponde a la diferencia en rentabilidad entre la deuda de los países emergentes y la de los bonos del gobierno americano. Actualmente, ese “spread” o diferencia se sitúa en torno a los 500 puntos básicos (5%), uno de los niveles mínimos alcanzados en estos últimos cinco años. Hace apenas un año, por ejemplo, teníamos una diferencia media de unos 900 puntos básicos.

Además, cuando la rentabilidad de la deuda pública americana subió de golpe durante el pasado mes de julio, la deuda emergente mantuvo la clama. No hubo movimientos de pánico sino que ésta siguió más o menos el comportamiento de los bonos estadounidenses. “Fue un baño de sangre, pero sobrevivimos”, comenta Raphael Kassin, gestor de deuda emergente en ABR Amro.

Propuesta abandonada

Pero hay otros argumentos que explican el buen tono mostrado por la deuda emergente en el ultimo año. Uno de ellos es el abandono por parte del Fondo Monetario Internacional de la idea de desarrollar un nuevo mecanismo de reestructuración de la deuda soberana.

A los gestores de fondos, no les gustaba mucho este nuevo mecanismo (llamado en inglés “Sovereign Debt Restructuring Mechanism” o SDRM) ya que consideraban que iban a tener muchas más dificultades en recuperar sus activos en caso de incumplimiento por parte de un país. La idea era básicamente la misma que existe actualmente en Estados Unidos donde se protege a las compañías insolventes frente a sus acreedores.

Se han introducido, por el contrario, “Clausulas de Acción Colectiva (CACs)”, consideradas como menos dañinas por los gestores de fondos ya que permiten a los deudores modificar las condiciones de un bono (por ejemplo, retrasando su vencimiento) sin contar con el acuerdo de todos los acreedores.

Pero de una forma general, los mercados emergentes han sacado provecho del entorno económico y financiero. Los bajos tipos de interés y las dificultades que están atravesando otros tipos de activos han favorecido claramente a los bonos emergentes. “La deuda emergente sigue siendo competitiva respecta a otros activos”, indica Paul Murray-John, gestor de un fondo de deuda emergente de la gestora Threadneedle.

El que los tipos de interés estén bajos es importante ya que dificulta la búsqueda de rentabilidad por parte de los inversores. Ya no es tan fácil obtener buenas rentabilidades con los activos tradicionales. “Es un entorno de tipos de interés muy favorable para nosotros,” precisa Kassin de ABN Amro.

En estas circunstancias, está claro que los mercados de deuda emergente son una fuente interesante de rentabilidad. Siempre que se controle el riesgo inherente a los mercados emergentes, estos atraerán a los inversores ávidos de rentabilidad.

A pesar de las fuertes ganancias registradas por esta categoría de fondos en el ultimo año, hay, no obstante, razones para la cautela. Aunque no existe un peligro inminente de incumplimiento por parte de algún país en concreto, debemos ser conscientes de los posibles riesgos que entraña esta peculiar categoría de fondos.

Por ejemplo, si los tipos de interés empiezan a subir – como parece que va a ser el caso en los próximos meses – esto podría afectar negativamente a los fondos de renta fija en general y a los de bonos emergentes en particular. Puesto que una subida de tipos suele coincidir con un crecimiento económico, un escenario de este tipo podría favorecer un trasvase hacia la renta variable. Por otra parte, la inflación, que también suele acompañar a los periodos de mayor crecimiento, es el principal enemigo de los mercados de deuda, incluido el de deuda emergente.

Dificilmente repetible

Aunque es imposible estar seguro de cualquier cosa en los mercados financieros, hay dos puntos que parecen evidentes. En primer lugar, la rentabilidad espectacular que ha registrado la categoría de fondos de bonos emergentes en este último año será difícilmente repetible en los próximos doce meses. Hay que tener en cuenta que la recuperación desde una posición de gran debilidad fue un factor clave en los retornos conseguidos.

En segundo lugar, es difícil que asistamos a una mayor reducción de los “spread” y es difícil, por otra parte, que los inversores vean los mercados emergentes como menos arriesgados que como lo están viendo en la actualidad.

A pesar de todo, sigue habiendo motivos para invertir en deuda emergente ya que es un activo capaz de proporcionar una atractiva rentabilidad y una interesante diversificación para cualquier cartera de inversión.

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Sobre el Autor

Morningstar.co.uk Editors  analyse and report on shares, funds, market developments and good investing practice for individual investors and their advisers in the UK.

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