Asesores: El elemento humano

Alexandre García, de AG EAFI, resalta el factor humano en las decisiones de inversión

External Writer 24/01/2014
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El 19 de octubre de 1987 el índice Dow Jones se derrumbó un 22,6%, siendo una de las mayores caídas de la historia en una sesión del mercado de EEUU, recibiendo el nombre de “lunes negro”.

Existe alguna respuesta al cómo, porque y de qué manera se mueven los precios de los activos? Seguramente, ante la formulación de una posible respuesta para dicha cuestión, la gran mayoría encontraríamos un gran abanico de probables variables o factores que podrían llegar a dar una explicación “razonable” de cómo se determina el precio de cualquier activo o porque fluctúan los precios del mismo, pero, sabríamos ponerle un precio al futuro?

Muchas teorías económicas sobre el mercado asumen o dan por hecho factores como que el ser humano o inversor tiene un comportamiento en el mercado racional y bien fundamentado, pero personalmente, no creo que sea del todo cierto.

Puede que las fluctuaciones en los precios dependan de unos valores fundamentales, reales o de equilibrio; pero qué importancia le damos al elemento humano? Somos seres racionales? Seguimos unas pautas ortodoxas de inversión? No nos afecta la incertidumbre, el miedo o la euforia?

Con los mercados de renta variable alrededor del mundo haciendo máximos en sus cotizaciones (desde 2009 el S&P500 ha subido más de un 150%) y en su quinto año dentro de un ciclo alcista, podría ser el momento de hacerse unas sencillas preguntas, como por ejemplo, como se han comportado los inversores durante otros ciclos alcistas a lo largo de la historia?

Las fases iniciales de todo ciclo alcista, se ven precedidas por un movimiento brusco e inesperado de cambio de tendencia. Dicho evento suele coincidir normalmente con el momento de mayor pesimismo y miedo en los inversores.

Y a pesar de que ese periodo de tiempo (anteriores y posteriores semanas al mínimo) es la mayor oportunidad de inversión, muchos inversores “machacados” por la constante devaluación de sus activos eligen emocionalmente ese preciso momento de pánico extremo, para deshacer posiciones y convertirlas en liquidez (generando cuantiosas pérdidas). No se le puede exigir a nadie tener la sangre fría o el acierto de invertir justo en ese momento, pero sí durante los siguientes meses que dura la primera fase del ciclo alcista.

Durante esta etapa los inversores no ven, o no creen en los signos que marca el comienzo de una gran tendencia y utilizan las primeras subidas para seguir vendiendo posiciones en pérdidas.

Durante la segunda y más larga fase del ciclo, los inversores comienzan a aceptar que el mercado ha tocado fondo. El sentimiento general ha mejorado pero la cautela persiste, y aunque se percibe una mayor estabilidad, las pequeñas correcciones en las cotizaciones provocan nuevas dudas sobre la consistencia del movimiento alcista.

El inversor sigue sin invertir y espera otra caída que no llega. En cambio, el mercado sigue subiendo y las correcciones siguen siendo pequeñas. Es en esos cortos movimientos a la baja donde se pone a prueba la resistencia del mercado, dando lugar a comportamientos muy dispares; los “pequeños” que acaban de entrar se sienten inseguros y sueltan sus posiciones dando entrada a inversores institucionales que no compraron a tiempo en la fase inicial. Ese cambio de manos hace seguir el movimiento alcista y forma una base de mayor solidez.

Hemos visto como en las primeras fases, la mayoría de inversores se mantienen cautos y escépticos de un mercado que acaba de salir de una importante corrección en precios. Y es en ese punto donde la mayoría de inversores no quieren ver el cambio positivo que se ha producido en las métricas o variables del mercado. Muchos inversores toman decisiones fundamentadas en creencias o suposiciones sobre posibles alternativas ante eventos inciertos, el resultado de una votación, el resultado de un partido o el valor futuro del Ibex.

Estas creencias suelen expresarse como “creo que es...”, “las posibilidades son...” o “es probable que...”. En ocasiones estas creencias o suposiciones sobre eventos inciertos son expresadas mediante números o probabilidades subjetivas. Como determinamos esas creencias? Como evalúan los inversores las posibilidades sobre un evento incierto o el valor futuro de una inversión?

En la fase final de todo mercado alcista, los inversores y agentes del mercado se vuelven exultantes. Los precios suben continuamente, la euforia fluye en los “parquets” y se instala una creencia, “los mercados se han convertido en una oportunidad de inversión sin riesgo!”.

Argumentos fundamentales (deuda, morosidad, insolvencias, etc.) son rechazados y las noticias negativas son ignoradas. Y es en este preciso momento cuando el pequeño inversor reacciona, no quiere perderse la fiesta alcista y se produce una rotación completa de sus activos conservadores hacia activos de riesgo.

De qué manera los inversores se aferran a su subconsciente para resolver problemas mediante la creatividad y el pensamiento divergente ante incógnitas en sus inversiones? No se estará reduciendo así, la compleja labor de análisis de innumerables variables, probabilidades, riesgos u omitiendo la aleatoriedad natural de los movimiento de flujos?

En general esta forma “rápida” de toma de decisiones o juicios, es útil y efectiva pero en otras conlleva a graves equivocaciones y a errores. El lector no debe interpretar el texto como un aviso de que el mercado alcista actual vaya a acabarse mañana, sino como un guiño a cuestionarse el entusiasmo generalizado de estos días.

Las oportunidades de inversión surgen en los momentos más desfavorables e inciertos, y cuando uno compite contra todo tipo de inversores e instituciones por un pedazo de rentabilidad, no puede comprar tarde lo que todo el mundo ya tiene en cartera.

Como bien dijo John Rockefeller, “Empiezo a vender cuando mi chofer comienza a comprar”.

 

Alexandre García, Responsable AG EAFI

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