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PERSPECTIVAS: ¿Qué le pasa a la deuda emergente en divisa local?

Según el director de deuda emergente de Pictet la deuda emergente sigue ofreciendo seguridad y rentabilidad a largo plazo

El retroceso las últimas semanas de la deuda emergente en moneda local ha llegado a deslustrar uno de los mejores historiales de inversión de los últimos años, pero la deuda de mercados emergentes sigue ofreciendo seguridad y elevada rentabilidad a largo plazo, lo que contrasta con la renta fija en muchos países desarrollados. En este sentido las condiciones económicas que prevalecen en Asia y Latinoamérica han dado lugar a balances más sólidos que en muchos desarrollados y contrastan radicalmente con las rebajas de calificación crediticia e inextricables problemas fiscales de países desarrollados.

La cuestión reside en saber si las liquidaciones recientes ofrecen oportunidad para tomar posiciones o si la renta fija emergente sigue vulnerable a conmociones económicas globales y agitación del mercado.  En términos de rentabilidad la deuda estadounidense a corto plazo es próxima a cero y los bonos del Tesoro a diez años ofrecen una rentabilidad inferior al dos por ciento. De hecho la Reserva Federal se ha comprometido a mantener tipos bajos hasta 2013 mientras que a principios de octubre el índice de renta fija emergente en moneda local GBI-EM de JPMorgan registraba una rentabilidad de 6,68 por ciento a vencimiento.

Aunque los últimos meses han demostrado que a corto plazo puede sufrir una nueva corrección los gestores de fondos de Pictet Asset Management, que gestiona 19.000 millones de dólares en esta clase de activos, creen que la deuda emergente merece ser tomada en consideración por quien busque rentabilidad y seguridad relativa por fundamentales. Además los inversores en Asia, que ya conocen sus emisores de deuda locales, deberían también pensar en ampliar su campo de acción a emisores de deuda de Latinoamérica.

En 2008 se decía que los mercados emergentes podían resistir las perturbaciones que afectaban a industrializados, pero finalmente les alcanzó la tormenta. Sin embargo en agosto de este año la deuda emergente en moneda local se mantuvo estable mientras retrocedía la renta variable de países ricos y emergentes. En septiembre la deuda emergente se vio de nuevo atrapada en el torbellino. Ahora parece que los especuladores a corto plazo han salido del mercado y los inversores a largo plazo mantienen la apuesta. Las próximas semanas dirán si la deuda emergente se puede desacoplar de las tribulaciones a ambos lados del Atlántico o si un nuevo giro de los mercados -como una escalada de la crisis griega- hará que los inversores huyan hacia el refugio del dólar en un frenesí final de aversión al riesgo. Como ha advertido recientemente el Fondo Monetario Internacional, los mercados emergentes siguen vulnerables a salidas de capital.

Actualmente el optimismo respecto a la deuda emergente en moneda local se basa en la hipótesis de rebaja de tipos de interés de los bancos centrales con la remisión de presiones inflacionistas por la desaceleración del crecimiento, aprovechando el margen de maniobra de anteriores subidas de tipos. Los temores de debilidad global favorecen políticas monetarias más expansionistas, que benefician los precios de estos bonos. De hecho las cifras de producción y encuestas a directores de compras recientes indican que las grandes economías asiáticas se están debilitando.

Potencial revalorización de divisas

Además de la elevada rentabilidad, la deuda emergente en moneda local ofrece potencial de revalorización de las divisas. Hace apenas meses la apuesta por deuda emergente en moneda local contaba con que se permitiera una apreciación de divisas para reforzar defensas contra la inflación. En este sentido la amenaza inflacionista ha remitido aunque es posible que las divisas se fortalezcan a medida que los emergentes continúan acortando distancias respecto a los países ricos. Unas divisas más fuertes reequilibrarían estas economías hacia el consumo doméstico en detrimento de las exportaciones, en un momento de debilidad de demanda en los países ricos. Además la intervención en los mercados de divisas reduciría la acumulación de divisas -lo que sería una verdadera bendición para bancos centrales y ministerios de finanzas de estos países, enfrentados al dilema de invertir en dólares y euros en depreciación-.

Hay cierta evidencia de que esto está sucediendo en Asia.  Los funcionarios chinos han señalado que el renminbi -que muchos consideran infravalorado- puede pasar a ser convertible a partir de 2015 y han permitido que se acelere el ritmo de revalorización.  Además aunque en septiembre las monedas asiáticas y latinoamericanas vivieron uno de sus peores meses se recuperaron vigorosamente, impulsadas por expectativas de nueva flexibilización en EEUU y solución de la crisis de la Euro Zona.

De todas formas es importante no tratar los mercados emergentes como un bloque monolítico y diferenciarlos entre sí.  No todas las economías emergentes contemplan con satisfacción el fortalecimiento de su moneda.  Brasil, para mantener la competitividad de sus exportaciones, está librando una guerra de divisas y ha intentado poner techo a la revalorización del Real, que en julio batió récord de doce años. En realidad el Real bajó en agosto cuando su banco central recortó los tipos de interés al 12 por ciento, nivel que sigue alto para una moneda importante y que el ministro de finanzas Guido Mantega considera todavía excesivo.  De hecho el Real ha llegado a perder 18 por ciento respecto al dólar desde julio y su banco central ha intervenido para poner freno a su caída. Mientras las monedas de México y Chile -sensibles a la economía de EEUU y precio del cobre respectivamente - han retrocedido en proporción similar hasta el punto de que el repunte del dólar ha llegado a borrar los avances este año en divisas emergentes. Además la debilidad mundial y el crecimiento más lento en Asia reducen la demanda de materias primas, afectando negativamente a las divisas latinoamericanas, como ha señalado el Fondo Monetario Internacional.

El ritmo es latino

A pesar de todo, la rentabilidad anualizada de deuda emergente asiática los diez últimos años ha sido alrededor de doce por ciento, mientras que en Latinoamérica ha sumado seis por ciento adicional. Por lo tanto los inversores asiáticos que busquen mayor rentabilidad deben interesarse por esta región.  De hecho tradicionalmente Latinoamérica paga una prima de riesgo pues la deuda asiática suele tener mejor calificación crediticia. Sin embargo Brasil y México -mayores economías latinoamericanas- tienen categoría de grado de inversión. Aunque sus datos macroeconómicos están en línea con los de Asia, ofrecen rentabilidades superiores: la deuda de Brasil a cinco años renta el 10,8 por ciento y la de México el 6,8 por ciento, frente al 7,25 por ciento de Indonesia y el 3,8 por ciento de Tailandia.  Con el tiempo esta prima de riesgo disminuirá, impulsando los precios de los bonos en Latinoamérica. Además Latinoamérica tiene menor ponderación de la alimentación en la cesta de inflación que Asia de manera que cuenta con mayor margen para reducir tipos de interés, lo cual impulsará aún más los precios de sus bonos.

En esta sección llamada PERSPECTIVAS abriremos nuestra web a comentarios, artículos y opiniones externos a Morningstar pero que pueden tener un interés para los inversores en general. Las opiniones expresadas en esta sección representan las de su autor y no corresponden necesariamente a las de Morningstar. Si quiere ver publicado un comentario puede ponerse en contacto con Fernando Luque en la siguiente dirección de correo electrónico: fernando.luque@morningstar.com

 

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