¿Cómo construirse una cartera de fondos?

Los fondos son el instrumento ideal para canalizar el ahorro de los inversores. Pero ¿cómo combinarlos para conseguir una cartera adecuada?

Fernando Luque 27/07/2011
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El ejercicio de combinar distintos fondos de inversión para conseguir una cartera que responda a los criterios que se haya fijado el inversor es sin duda más importante que la elección de los fondos que componen esa cartera. Antes de empezar esta tarea es fundamental tener en cuenta algunos conceptos en cuanto a la construcción de una cartera de fondos.

El primero de ellos es que la construcción de una cartera de fondos siempre debe responder a un objetivo predeterminado en función de un determinado periodo temporal (ya sea a corto, a medio, o a largo plazo). Luego, es de sobra conocido que cuanto mayor sea el horizonte de inversión mayor debe ser el porcentaje invertido en renta variable frente a la renta fija; pero también se olvida con demasiada frecuencia que una cartera de inversión debe ser dinámica, que necesariamente tiene que variar a medida que uno se acerca a su objetivo de inversión y a medida que vayan evolucionando los propios mercados financieros.

Fondos base

Una vez definido el objetivo de inversión y los porcentajes a invertir en acciones y obligaciones, queda por resolver la cuestión de por dónde empezar la cartera de inversión. En este punto, es importante entender que no todos los fondos pueden desempeñar el mismo papel dentro de una cartera. Podemos distinguir tres grandes grupos de fondos. Un primer grupo estaría formado por lo que podríamos denominar los “fondos base”. Estos, como su nombre dejar entrever, deben constituir el grueso de la cartera. Son los fondos que nos ayudarán a conseguir nuestros objetivos y son, por lo tanto, los primeros que debemos incorporar en nuestra cartera.

Constituirán la parte central de la cartera y, por ello, deben proporcionarle una cierta estabilidad. Los fondos base pueden ser tanto de renta variable como de renta fija, pero no todos los fondos reúnen las características necesarias para ser considerados fondos base. Es aquí donde conocer el estilo del fondo adquiere toda su importancia.

Si nos centramos en los fondos de acciones, lo lógico es que los fondos base sean fondos de gran capitalización (con ellos uno consigue una exposición al mercado en su conjunto) y de estilo mixto (ni totalmente crecimiento, ni totalmente valor). Los fondos de crecimiento (aquellos que invierten en compañías con gran potencial de crecimiento) suelen, en efecto, presentar una mayor volatilidad o un mayor riesgo que el resto de fondos y suelen tener una fuerte exposición al sector tecnológico. En cuanto a los fondos valor (aquellos que invierten en compañías consideradas baratas o infravaloradas), pueden ser una buena opción para inversores más conservadores. También es conveniente elegir fondos que estén adecuadamente diversificados tanto por región como por sector.

Respecto a los fondos de renta fija, como lo que queremos es que los fondos base den una cierta estabilidad a la cartera, lo lógico es elegir fondos de renta fija euro, evitando cualquier exposición a divisas y sin asumir un riesgo excesivo en cuanto a la duración (recuerde que son los fondos de mayor duración los que más ven caer su valor liquidativo cuando suben los tipos de interés). También conviene seleccionar fondos con comisiones anuales de gestión inferiores a la media de su categoría.

Fondos soporte

Una vez formada la estructura de la cartera con los fondos base, uno puede complementarla con fondos que podríamos denominar “soporte”. Estos tienen como objetivo dar una cierta diversificación y variedad al armazón de la cartera compuesto por los fondos base. Incluso, pueden ayudar a disminuir la volatilidad de dicha cartera. Dentro de esta clase de fondos podemos, por ejemplo, incluir a los fondos de mediana o pequeña capitalización en lo que a fondos de renta variable se refiere y a los fondos de renta fija corporativa, de renta fija a muy largo plazo o, al contrario, de muy corto plazo en lo referente a los fondos de renta fija.

Fondos especiales

Por último, uno puede terminar de constituir su cartera de inversión con algún que otro fondo susceptible de proporcionar una punta de rentabilidad, pero sin asumir un riesgo excesivo que pondría en peligro la consecución del objetivo principal. Por eso estos fondos “especiales” siempre deben representar una parte marginal de la cartera (no más de un 10%). Dentro de este tipo de fondos incluiríamos, por ejemplo, a los fondos emergentes, tanto de renta variable como de renta fija o algún que otro fondo sectorial (TMT, materias primas,...).

Conclusión

El proceso de construcción de una cartera de fondos no es ni mucho menos un proceso aleatorio. No consiste en añadir fondos que presenten un buen historial de rentabilidad (recuerde, “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”) ni siquiera que tengan buenas perspectivas de rentabilidad.

Se trata, como indicábamos al principio del artículo, de conjuntar unos fondos de manera ordenada para conseguir el objetivo que uno se ha propuesto. Dentro de este proceso, cada fondo que incluiremos en la cartera deberá necesariamente desempeñar un papel establecido de antemano. Antes de comprar un determinado tipo de fondo, hágase, por lo tanto, las siguientes preguntas: ¿qué aporta el fondo a mi cartera?, ¿es compatible el fondo con el objetivo que persigo? o ¿qué modificaciones implicaría su inclusión dentro de mi cartera?

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Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es

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