¿Gestión activa o gestión pasiva?

El debate entre los partidarios de la gestión activa y de la gestión pasiva es uno de los más acalorados dentro del mundo de los fondos de inversión. Examinamos a continuación los argumentos en contra y a favor de cada uno de ellos.

Gestión pasiva

La gestión pasiva de un fondo de inversión se basa en la construcción de una cartera que pretende emular el comportamiento de un determinado índice o benchmark. Pero replicar ese índice no siempre es fácil. El construir una cartera con exactamente las mismas acciones u obligaciones que las que componen el benchmark tiene su dificultad. Además puede ser costoso ya que implica una adaptación permanente de una cartera con un gran número de títulos.

Los fondos índice utilizan varias técnicas para replicar a un determinado índice sin por ello asumir costes excesivos. Una de ella es la de invertir en un determinado número de valores representativos de este índice en vez de hacerlo en todos y cada uno de los títulos que lo componen. Así un fondo que quisiera replicar al índice S&P 500 podría hacerlo invirtiendo en los mayores valores de este índice.

Una de las grandes ventajas de los fondos índice es que procuran a los inversores un alto grado de diversificación a bajo coste. Les sería en efecto muchísimo más difícil conseguir ese nivel de diversificación invirtiendo directamente en los títulos individuales. En este sentido, los fondos índice constituyen el vehículo ideal para aquellos inversores que quieran tener una exposición a una bolsa entera de manera económica.

El hecho de que los fondos índice no necesiten un departamento de análisis o un desmesurado equipo de gestores, explica el que sean relativamente baratos. Por el contrario, los fondos de gestión activa requieren generalmente costosos equipos de gestión – a pesar de que este coste se reparte entre un gran número de partícipes.

Los fondos de gestión pasiva también tienen la característica de estar totalmente invertidos en el mercado. Contrariamente a los fondos activos, no pretenden tener posiciones significativas en liquidez con lo que se aprovechan más en los mercados fuertemente alcistas.

Gestión activa

Los fondos de gestión activa utilizan diferentes estilos en su afán de batir a sus respectivos benchmarks. Dos de las técnicas más utilizadas son la del “top-down” y la del “bottom-up”.

Los gestores top-down empiezan por analizar el escenario macroeconómico de las áreas en las que invierte el fondo. En base al análisis de la situación actual de los mercados y de las posibles tendencias futuras, deciden la distribución de activos para el fondo. Por ejemplo, pueden decidir, en base a las buenas perspectivas que manejen para el sector financiero, que una determinada proporción de la cartera del fondo esté invertida en acciones del sector bancario. Para estos gestores los valores individuales importan menos que los sectores que representan.

Por el contrario, los gestores bottom-up - también llamados “stockpickers” - invierten esencialmente eligiendo directamente los valores que les parecen más atractivos. No les importa tanto los factores macroeconómicos o el conseguir un justo equilibrio entre los diferentes sectores.

Ahora bien estos gestores pueden utilizar diferentes técnicas para elegir sus títulos preferidos. Los hay que se basan en el “análisis fundamental” de las compañías, examinando sus cuentas de resultados o la fortaleza de sus balances. Pero también los hay que emplean el “análisis técnico”, análisis que se basa en el estudio de los movimientos de los precios o gráficos.

No obstante en la práctica la distinción entre los gestores top-down y bottom-up no siempre es tan clara ya que muchas veces los gestores combinan ambas técnicas.

MariaGrazia Briganti es redactora para Morningstar.it

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Sobre el Autor

Maria Grazia Briganti  She has been editor & analyst of Morningstar Italy