¿Fondo o ETF? Que no le asuste la fiscalidad

En muchos casos, los costes tienen más importancia que la fiscalidad a la hora de elegir una opción de inversión

Fernando Luque 03/01/2019

Uno de los motivos por los que los inversores no utilizan los ETFs para construir sus carteras de inversión es su desfavorable fiscalidad comparada con la que disfrutan los fondos de inversión (en concreto en lo que respecta al hecho de no pagar impuestos a la hora de traspasar participaciones de un fondo a otro).

Si uno utiliza ETFs en su cartera y decide hacer algún cambio, deberá tributar por las plusvalías acumuladas. A lo largo del 2018, hubo la esperanza de que Tributos equipara la fiscalidad de los ETFs cotizados fuera de España con la de los fondos, pero esa esperanza se desvaneció rápidamente.   

Para muchos inversores esta desventaja fiscal no compensa los menores costes de gestión que tienen los ETFs frente a los fondos. Está claro que, si uno “mueve” mucho su cartera, el impacto fiscal tiene una repercusión importante sobre la rentabilidad final obtenida por el partícipe. Ahora bien, tampoco hay que olvidar que en el momento en el que uno retira el dinero de sus fondos de inversión, Hacienda le estará esperando para declare y tribute por las eventuales ganancias.

En este pequeño artículo, hemos intentado averiguar si realmente esa desventaja fiscal hace que los inversores deban descartar los ETFs a favor de los fondos en la construcción de sus carteras.

Vamos a suponer el siguiente caso. Un inversor tiene 2 opciones: invertir en un fondo que cobra un 1,5% anual o invertir en un ETF que tiene una comisión del 0,5% anual. Los dos productos obtienen la misma rentabilidad (vamos a suponer para simplificar el ejercicio que ambos productos consiguen un 1% mensual… sé que es poco realista, pero es simplemente para ilustrar el ejemplo).

También vamos a suponer que el inversor realiza un cambio de cartera cada trimestre: vende el ETF y lo vuelve a recomprar (no tiene mucha lógica a nivel de inversión, pero es únicamente para fines ilustrativos).

El coste fiscal es del 20% sobre las ganancias realizadas, tanto para el ETF como para el fondo. Por último, vamos a suponer que el inversor hace caja al final de los 2 años.

En el caso del fondo de inversión, el inversor pagaría impuestos al final de esos 2 años, mientras que en el caso del ETF el inversor pagaría impuestos cada 3 meses.

La pregunta es: ¿quién piensa que obtendría una mayor rentabilidad financiero-fiscal al final de ese periodo? La respuesta es el inversor en ETF. El gráfico adjunto ilustra el comportamiento relativo de ambos casos (en .

Doble moraleja:

1) los costes pueden ser más importantes que la fiscalidad.

2) no le de a la fiscalidad más importancia de la que tiene; da igual que elija un fondo o un ETF, al final terminará por pagar impuestos (siempre que haya obtenido una ganancia).

 

 

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Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es