¿Cómo invertir en un mercado correctamente valorado?

Pese a que el mercado está correctamente valorado, su rentabilidad debería superar a largo plazo a la de los bonos o el efectivo

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¡Vaya comienzo de año que hemos tenido! En el primer trimestre el S&P 500 ganó  un 10,6% (en USD), con dividendos incluidos, para cerrar en máximos históricos. Si bien existe una cierta satisfacción al ver el valor de nuestras acciones subir como lo han hecho, no todo son buenas noticias. La fortaleza del mercado está limitando las oportunidades al alcance del inversor. Sin duda, hay muchos inversores que han huido de la renta variable durante la crisis financiera y no han participado de este mercado alcista - que ya está entrando en su quinto año.

Si hay una lección que cabe extraer de la experiencia reciente, creo que es que nunca debemos dejar que las emociones dirijan nuestras decisiones de inversión. Los que entraron en pánico cuando el mercado tocaba fondo, probablemente salieron con unas pérdidas del 50%. Los que mantuvieron la calma y se quedaron totalmente invertidos han podido recuperarse.

Probablemente la pregunta más común que he recibido últimamente de los lectores de Morningstar es del tipo "¿qué debo hacer en un entorno como este?" En un mundo ideal, siempre habrá un montón de valores en los que invertir que coticen por debajo de nuestro precio objetivo. Sin embargo, la realidad es que las oportunidades disponibles pueden variar mucho en función del estado de ánimo colectivo de los inversores.

Si tiene algo de dinero disponible, su tarea se ha vuelto más difícil en los últimos años. Al calor de la crisis financiera, a finales del 2008, más de 850 valores tenían un rating Morningstar de 5 estrellas. A finales de este mes de marzo, tan sólo 26 compañías de nuestro universo pueden presumir de este rating máximo.

Aún así, tenemos que poner nuestro dinero en algún lugar. Yo, por mi parte, a largo plazo prefiero una acción de calidad aunque valorada a su justo precio que tener un bono o el dinero en efectivo - especialmente un bono del que ofrece una rentabilidad inferior a la inflación. Para entender por qué, es importante saber cómo estimamos los precios objetivos.

 

Una inversión peor que las acciones

Nuestros analistas asignan estimaciones de precios objetivos utilizando una análisis basado en el descuento de flujos de caja. Esta técnica de valoración se basa en la idea de que las empresas valen la suma de sus flujos de caja libres futuros, descontados al presente a una tasa que ofrece un rendimiento adecuado para todos los inversores - tanto los acreedores como los accionistas.

 

El coste del capital es un supuesto clave en este proceso; representa la mejor estimación de nuestros analistas de la rentabilidad exigida por los accionistas para invertir en una acción. Si todos los pronósticos de nuestros analistas sobre flujos de caja futuros fueran exactos (no es tarea fácil, por cierto), esperaríamos que una acción correctamente valorada diera una rentabilidad en línea con el coste del capital. En promedio, las estimaciones del valor razonable deberían subir por el coste del capital cada año, menos la rentabilidad por dividendo – ya que uno recibe efectivo y los flujos de caja futuros se encuentran más cerca del momento presente. Si el precio objetivo aumenta más rápidamente que el coste del capital, significa que las expectativas de flujos de caja futuros han mejorado en relación a nuestras expectativas originales, y viceversa para una estimación del valor razonable que no va a la par con el coste de capital.

 

El coste de capital más común en nuestro universo de cobertura es del 10% - aproximadamente en línea con la rentabilidad a largo plazo sobre las acciones estadounidenses. Para una empresa en particular, el coste de capital depende del nivel de riesgo sistemático - riesgo de que está correlacionado con el mercado en general, y que, por lo tanto, no puede ser eliminado a través de la diversificación. Utilizamos un coste de capital del 8% para las empresas con un riesgo sistemático inusualmente bajo (como, por ejemplo, compañías farmacéuticas diversificadas o algunas petroleras), y un coste del capital del 12% o 14% para empresas que tienen un riesgo sistemático por encima de la media (como ciertas empresas financieras e industriales muy sensibles a la economía). Añadimos una prima a este coste de capital para algunos mercados internacionales.

 

Mi argumento es que hay peores inversiones que una acción que esté correctamente valorada. Esto es especialmente cierto si la empresa cuenta con una amplia ventaja económica. Una acción correctamente valorada debería aumentar su valor intrínseco en torno a un 10% anual. En 10 años, una rentabilidad anual del 10% convierten 10.000 euros en 26.000 euros - mucho mejor de lo que podíamos esperar del efectivo o de los bonos.

 

Esto no significa que un margen de seguridad es irrelevante – también tenemos que proteger contra la posibilidad de que las previsiones de nuestros analistas sean demasiado optimistas, o que algo inesperado suceda.

 

En este momento hay 34 acciones que cotizan en Europa con 4 estrellas, un grupo mucho más grande que el de compañías con 5 estrellas - sólo nueve acciones de compañías europeas). Por supuesto, si vamos a aceptar un margen de seguridad  inferior al ideal en una acción individual, la diversificación es imprescindible. Lo más importante, debemos centrarnos en empresas con una amplia ventaja competitiva y una incertidumbre manejable (baja o media) en las que podemos tener una mayor confianza en la capacidad de Morningstar para predecir los flujos de caja futuros.

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Sobre el Autor

Matthew Coffina, CFA  is a stock analyst at Morningstar.

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