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PERSPECTIVAS: La sombra del corralito

Si volviese la peseta, España devaluaría la moneda en una cuantía no menor al 50% o 60%

External Writer 28/05/2012


Artículo escrito  por Javier Galán, Responsable de gestión de renta variable nacional en Renta 4;

Las tres reformas financieras que han realizado los dos últimos Gobiernos muestran la desconfianza existente hacia las valoraciones del balance de los bancos, exigiéndoles una mayor cantidad de provisiones, es decir, forzándolos a reconocer que la probabilidad de impago de préstamos concedidos es sustancialmente más alta de la reconocida y forzando también la reducción de las valoraciones de sus activos.

El estado de las cuentas de los bancos tiene una correlación casi perfecta con la situación macroeconómica del país donde operan, en tanto en cuanto variables como PIB, desempleo, consumo, endeudamiento de las familias, beneficio de las empresas y tipos de interés tienen una incidencia vital en las dos variables más relevantes de cualquier banco: crecimiento de préstamos y morosidad.

La foto de la economía española es: contracción del PIB, subida de impuestos, reducción del consumo, incremento del desempleo y menores beneficios de las empresas. Y significa para los bancos: más morosidad, menos préstamos concedidos, más provisiones y menores beneficios.

 ¿Solución? Que los bancos asuman las minusvalías de sus balances y que aumenten capital. El problema es que estos estaban provisionando al nivel que les permitía su generación de caja y, dado el volumen total de activos en el balance, tardarían años en provisionarlo todo. Las últimas reformas financieras pretenden acelerar la limpieza del balance de los bancos con el objetivo de que vuelva a fluir el crédito.

¿Por qué han intervenido Bankia? Acelerar el reconocimiento de pérdidas en el balance necesita de una fortaleza financiera que Bankia no tiene. Si el Gobierno exige una limpieza rápida de los balances de los bancos, no puede haber distinciones. El volumen de préstamos a promotoras inmobiliarias y créditos de dudoso cobro que tiene Bankia en su balance es muy superior al de su competencia y simplemente no puede hacer frente a las exigencias del Gobierno. Por este motivo, creo que el Ejecutivo ha decidido intervenir, porque España necesita que el sistema financiero sea capaz de volver a financiar el crecimiento de las empresas y de las familias.

El Nobel de Economía Paul Krugman auguró hace unos días que España se vería abocada al corralito, o lo que es lo mismo, la incapacidad de obtener el efectivo depositado en las entidades financieras.

El corralito financiero se produce cuando el banco no dispone de suficiente efectivo para dárselo a sus clientes. Para que se dé esa circunstancia se necesita partir de la base de que España va a salir del euro, lo cual vemos muy improbable. España, a día de hoy, ha mostrado su compromiso con el euro y no hay ningún partido político de relevancia que haya puesto en duda ni tan siquiera esa posibilidad.

El resultado de las elecciones griegas ha dado a conocer un preocupante incremento del número de griegos que prefieren salirse del euro. En dos días han salido de los depósitos de los bancos griegos 1.200 millones de euros. El año pasado ya salieron 40.000 millones de euros, que suponen casi un 20% del total de depósitos. Si los bancos griegos salen del euro, se quedarán sin euros y habrá corralito.

El Ejecutivo actual está tomando medidas antielectorales de recorte del gasto público, eliminación de subvenciones y subidas de impuestos, para restaurar la confianza en el país y demostrar que España puede pagar su deuda y puede volver a crecer. Es posible que haya más de un español que piense: “Para que nos recorten el Estado del Bienestar, mejor volvemos a la peseta”. Tremendo error.

¿Qué pasaría si España decidiese volver a la peseta? En primer lugar, devaluaría la moneda en una cuantía no menor al 50% o 60%, lo que empobrecería a la población desde el minuto uno. En segundo lugar, tendría que monetizar la deuda de los bancos y volverlos a recapitalizar con la nueva moneda. En tercer lugar, las deudas de empresas españolas en euros serían impagables, lo que provocaría un default en cadena y la imposibilidad de financiarse en el mercado de capitales con dinero extranjero. En cuarto lugar, la importación de bienes y servicios llevaría a una inflación desbocada y las importaciones de materias primas (petróleo, gas...), que están denominadas en dólares, tendrían tal coste que posiblemente nos encontraríamos con problemas de abastecimiento energético.

España está en el centro de atención del mundo financiero, el déficit presupuestario junto al incremento de deuda y las dificultades para valorar cuánto va a costar la normalización del sistema bancario español ha generado una alarma quizás justificada. El Gobierno está tomando medidas muy duras tanto a nivel de recorte de gasto público, de incremento de impuestos e interviniendo determinadas industrias, encaminadas a restablecer la confianza en la economía española, pero la realidad es que se le están pidiendo resultados mucho antes de lo razonablemente posible.

En mi opinión se están tomando muchas medidas estructurales que van por el buen camino, pero sería deseable relajar las presiones sobre la deuda soberana en España, ya que dificultan mucho la viabilidad de sus reformas a largo plazo. Las dudas que acechan todos los días en los mercados financieros y los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales sólo pueden ser serenadas por la intervención monetaria del Banco Central Europeo.


Artículo escrito  por Javier Galán, Responsable de gestión de renta variable nacional en Renta 4;

publicado en http://www.r4.com/tx/newsfondos/idp=314894


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