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PERSPECTIVAS: Consecuencias de la subida de los precios alimentarios

Tom Stevenson, Director de Inversiones de Fidelity International, reflexiona sobre el alza de precios de los alimentos

Josette Sheeran, funcionaria del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, lo explica con claridad meridiana: "Cuando alguien no tiene suficiente para comer, sólo le quedan tres opciones: rebelarse, emigrar o morir". La escasez de productos básicos puede causar dificultades, pero sólo los alimentos y el agua reclaman que se pague el precio más alto. No sorprende, pues, que las espirales alcistas de los precios copen titulares de nuevo.

Una concatenación de problemas ha llevado los precios hasta niveles más altos que en 2008, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que señaló la semana pasada que su índice principal había marcado máximos de 20 años. El alza hasta los nuevos máximos de enero era la séptima subida mensual seguida y las probabilidades de que cambie la tendencia son escasas.

Una meteorología calamitosa es la causa principal, y sirva como ejemplo la gran nevada que dejó un manto blanco de más de medio metro de alto en varias partes del cinturón agrícola estadounidense. En Australia, un enorme ciclón ha venido a agravar los daños de las recientes inundaciones y ha puesto en peligro la importante cosecha de caña de azúcar del país. Como nuestra el gráfico, el precio del azúcar se ha triplicado en tres años.

Lógicamente, los países de todo el mundo están acumulando alimentos para proteger a sus ciudadanos, aunque eso sólo sirva para agravar la crisis. Indonesia compró la semana pasada 820.000 toneladas de arroz, mientras que Argelia, con un ojo puesto en los acontecimientos de su vecino Túnez y el cercano Egipto, compró un millón de toneladas de trigo.

No sorprende pues, tampoco, que hace unos días Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal estadounidense, tuviera que salir al paso de los que afirman que la política monetaria estadounidense está alimentando la inflación alimentaria en el mundo en desarrollo. Es una idea extendida que los tipos de interés en mínimos y la relajación cuantitativa de EE.UU. están provocando entradas masivas de liquidez en las materias primas y los mercados emergentes. Ante esto, la respuesta de Bernanke fue un "dejen que sus divisas se aprecien".

Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, dejó claro que en su opinión, la subida de los precios de los alimentos y la energía son un fenómeno temporal que se corregirá solo. Nadie quiere poner el cascabel de los tipos de interés al gato, porque saben que las frágiles economías occidentales no resistirían un endurecimiento monetario prematuro.

La demografía del mundo en desarrollo sugiere, sin embargo, que las subidas de precios han llegado para quedarse. Según las previsiones demográficas de la ONU, la población del mundo desarrollado pasará de 800 a 1.300 millones entre 1950 y 2050, mientras que la del mundo en desarrollo pasará en el mismo periodo de 1.700 a 7.900 millones de personas.

Esto es importante por varias razones. En primer lugar, porque la población de los países en desarrollo, mayoritariamente pobre, gasta una mayor proporción de su renta en alimentación. La alimentación tiene un peso de 8 puntos porcentuales en el cálculo de la inflación de EE.UU. mientras que en la India es de 47 puntos porcentuales. Los cambios en los precios de la comida son incómodos en Occidente, pero una cuestión de vida o muerte en los mercados emergentes. En enero, tras una subida de los precios de la verdura y la cebolla, la inflación alimentaria alcanzó el 17% en la India.

En segundo lugar, la mejora en los niveles de vida de los habitantes del mundo en desarrollo está cambiando los patrones de consumo de alimentos y acentuando las escaseces de comida, tierra y agua. El Banco Mundial asegura que la demanda de alimentos crecerá un 50% en 2030. Un factor clave en este sentido es el mayor consumo de carne, ya que para producir un kilo de ternera se necesitan siete kilos de cereal.

A largo plazo, el ingenio humano dará lugar a cambios radicales en la agricultura y la biotecnología que tal vez desencadenen a una segunda "revolución verde". Un aumento permanente de los precios estimulará el crecimiento de las tierras cultivables y la mejora de los sistemas de riego.

Entretanto, habrá que aprender a vivir con unos precios altos y volátiles y las personas hambrientas tendrán que seguir eligiendo una de esas tres opciones tan difíciles de aceptar.

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