Cómo seleccionar un buen fondo de inversión

Hay que tener en cuenta factores como el objetivo de inversión, el horizonte temporal y el riesgo que se quiere asumir, pero sobre todo los costes

Fernando Luque 01/02/2018

¿Cómo elegir un buen fondo de inversión? ¿Cuáles son los criterios a tener en cuenta cuando uno selecciona un producto? Son preguntas que los inversores me hacen continuamente. Diría que lo primero a tener en cuenta es el objetivo de inversión, el horizonte temporal y el nivel de riesgo que uno está dispuesto a asumir. Estos son los aspectos que van a determinar el tipo de fondos que más se adecúa a nuestra situación. Por tipo de fondo, me refiero a si se trata de un fondo de renta variable (invertido en acciones), un fondo de renta fija (invertido en bonos y obligaciones), un fondo mixto (invertido tanto en acciones como en bonos), etc. Evidentemente uno puede combinar diferentes tipos de fondos para confeccionar una cartera de inversión (de hecho, es recomendable si uno quiere tener una cartera diversificada), pero si nos ceñimos a la cuestión de qué fondo comprar, claramente el tipo de activo en el que invierte y la categoría a la que pertenece (si es un fondo de acciones españolas, europeas o americanas, etc) son los criterios principales a tener en cuenta. Si uno no tiene una convicción muy fuerte en el país, sector o región en el que hay que invertir, lo más recomendable es seleccionar un fondo lo más diversificado posible. En el caso de las acciones, elegiremos un fondo de renta variable global y en el caso de los fondos, un fondo diversificado entre deuda pública y deuda corporativa, por ejemplo.

Una vez aclarado el tipo y la categoría de fondos que más nos conviene, surge la duda de qué fondo en concreto comprar. Intuitivamente tenemos tendencia a elegir los fondos más rentables en el corto plazo (por ejemplo, los más rentables del año 2017) ya que suponemos que, si el gestor lo ha hecho bien en el pasado, probablemente lo hará bien en el futuro. Pero el hecho de que un fondo haya obtenido rentabilidades negativas en el pasado no significa, por sí sólo, que el fondo deba ser descartado. La rentabilidad de un fondo debe necesariamente compararse con un índice representativo de su categoría y, además, hay que hacerlo en un plazo suficientemente largo de tiempo (al menos tres años) como para poder realmente evaluar el trabajo del gestor. Un año parece un plazo excesivamente corto.

Ahora bien, considerar únicamente la rentabilidad de un fondo (aunque sea a largo plazo) como criterio único de elección sería un error. Además de la rentabilidad, hay que tener en cuenta el riesgo del fondo (a misma rentabilidad es preferible un fondo que presenta menos riesgos, es decir que registre menos fluctuaciones en sus rentabilidades). En ese sentido el Rating Morningstar de estrellas es una herramienta útil ya que incorpora los criterios de rentabilidad y riesgo.

Pero la rentabilidad y el riesgo no son los únicos factores que puede controlar el inversor. También son importantes criterios como el proceso de inversión o el equipo gestor. El inversor debe entender cómo invierte el fondo el dinero de los partícipes y debe también analizar (si es posible) la trayectoria del gestor (desde cuando gestiona el fondo, qué otros fondos ha gestionado en el pasado, qué resultados ha conseguido, etc). No son aspectos fáciles de averiguar para el inversor particular. Por ese motivo Morningstar lanzó hace algunos años un rating específicamente cualitativo (el rating de estrellas es un rating puramente cuantitativo) que pretende precisamente identificar los fondos que más posibilidades tienen de batir a sus competidores analizando el proceso de inversión, el equipo gestor, la entidad gestora, el comportamiento pasado del fondo y los costes.

Sin duda, este último factor, los costes, es quizás uno de los más importantes. De todos los factores que podemos imaginar para valorar un fondo, el que más influencia tiene sobre la rentabilidad futura es claramente el coste total del producto. Incluso, si tuviéramos que elegir entre un fondo caro que ha obtenido una buena rentabilidad pasada y un fondo barato que ha conseguido una rentabilidad histórica por debajo de la media de su categoría, nos quedaríamos con el fondo barato. Y es que el impacto de las comisiones sobre la rentabilidad total del producto es especialmente relevante si nos planteamos una inversión a largo plazo. La explicación tiene que ver con lo que llamamos el interés compuesto (el hecho de obtener intereses sobre intereses), pero en este caso se trata de un interés compuesto negativo que tiene una influencia importante sobre el resultado final que consigue el inversor. Así que si está dudando entre dos fondos de características similares, no se lo piense… invierta en el más barato.

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Sobre el Autor Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es