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¿Comprar un fondo pasivo? ¡Céntrese en el índice!

El punto de partida de la selección de un fondo pasivo o de un ETF siempre debería ser el índice al que está referenciado el fondo

Jose Garcia-Zarate 27/07/2017

La inversión pasiva está creciendo a un ritmo acelerado en todo el mundo. Los inversores son cada vez más conscientes de que vigilar las comisiones de gestión es la forma más directa de maximizar sus rentabilidades a largo plazo. Sin embargo, aunque necesarios, unos bajos no son una condición suficiente para asegurar que un fondo pasivo consiga cumplir nuestros objetivos.

En efecto, unos bajos costes sirven de poco si uno no tiene la distribución de activos adecuada. Y en lo que a fondos pasivos se refiere, la distribución de activos es determinada por el benchmark. Esto significa que el punto de partida del proceso de selección de un fondo pasivo no deberían ser los costes, sino entender si el índice de referencia del fondo ofrece la exposición que uno está buscando.

Los inversores están hoy en día confrontados con una creciente oferta de fondos pasivos- fondos índice tradicionales y ETFs. El asunto de la selección del benchmark se está convirtiendo en una tarea cada vez más compleja en un mercado de fondos pasivos donde la renta fija y la beta estratégica están realizando progresos importantes. Este último campo, en particular, es un área en la que podemos decir que no hay dos índices idénticos. Una constante innovación es lo que caracteriza el desarrollo de los benchmarks, sin mencionar que permite también a los proveedores de fondos diferenciarse entre ellos. Por último, esto obliga a los inversores a realizar un due dilligence sobre los índices.

Pero elegir el benchmark correcto no sólo tiene que ver con la clase de activos o la estrategia ofrecida. Hay muchos casos en los fondos tradicionales en los que existen diferencias sustanciales entre los índices, y, por lo tanto, resultados dispares.

Para ilustrar este punto, tomemos el caso de la renta variable de gran capitalización de la Zona Euro y analicemos las propuestas de dos benchmarks muy familiares: el Euro Stoxx 50 y el MSCI EMU.

Como su nombre indica, el Euro Stoxx 50 incluye las 50 mayores compañías por capitalización de los países de la Eurozona. El índice identifica las compañías que representan el 60% de diferentes sectores, luego los clasifica por free float y elige las 50 mayores. El índice está bien diversificado desde una perspectiva de compañías individuales, con un peso para los mayores componentes raramente por encima del 6%. En todo caso para evitar una concentración excesiva, el índice aplica un límite máximo del 10% para cada valor. En término de sectores, el financiero suele representar entre un 20 y un 25% del valor del índice, seguido por el sector industrial y el de consumo con un 10%-15% cada uno.

El MSCI EMU incluye unas 250 acciones que representan aproximadamente el 85% del free float de todas las compañías cotizadas en los países de la Eurozona. El índice está bien diversificado en cuanto a compañías individuales y sectores. Las financieras suele ser el sector más representado, con un 15% a 20% del valor del índice. Le sigue el industrial, el consumo discrecional y el consumo defensivo con un 15% cada uno.

En lo que respecta a la distribución sectorial y por países, los dos índices ofrecen una exposición similar. Y sin embargo existe una diferencia crucial. El Euro Stoxx 50 tiene un claro sesgo hacia compañías de muy gran tamaño, mientras que el MSCI EMU ofrece una exposición más amplia dentro del espectro de las compañías de gran capitalización de la Zona Euro.

Según la clasificación de Morningstar del tamaño de una compañía, el 85%-90% de la cartera del Euro Stoxx 50 está compuesta por valores mega caps y el resto está en large caps. Por el contrario, la exposición del MSCI EMU a los mega caps se sitúa entre el 55% y el 60%, con un 35% en large caps y un pequeño 5% en mid caps. No sólo el nivel de diversificación es más alto, sino que también están más en sintonía con la exposición histórica de los fondos de gestión activa de gran capitalización de la Zonas Euro.

Por lo tanto, el Euro Stoxx es un índice más centrado en mega caps. Este sesgo de tamaño puede ser beneficioso en determinados momentos de caída de los mercados e incertidumbre cuando los inversores buscan la seguridad de los blue chips. Sin embargo, a largo plazo, se comportará peor que un índice más amplio. Esto se debe a que no tiene exposición a los valores de menor capitalización dentro del segmento de large caps en los momentos de subidas del ciclo económico.

A pesar de esto, los fondos pasivos que siguen al Euro Stoxx 50 se encuentran entre los más populares entre los inversores. Como mostramos en la tabla 1, los ETFs ligados al Euro Stoxx 50 superan ampliamente a los ligados al MSCI EMU en cuanto a los activos bajo gestión. No es coincidencia que sean también comparativamente más baratos.

Sin embargo, como muestra la tabla 2, a pesar de su mayor coste, el grupi de ETFs que replican al MSCI EMU han conseguido batir de forma sistemática, tanto a corto como a largo plazo, a sus homólogos que siguen al Euros Stoxx 50.

Además, las medidas de rentabilidad-riesgo también han sido más favorable para los que siguen el MSCI EMU en los mismos periodos temporales (vea tabla 3).

Este ejemplo ayuda a demostrar que el punto de partida de la selección de un fondo pasivo siempre debería ser el índice. Puede ocurrir que uno quiera exposición a los mega caps; en este caso el Euro Stoxx debería ser la mejor opción. Pero si uno quiere una exposición más amplia, entonces eligiendo el Euros Stoxx 50 porque es más barato uno no sólo no conseguiría la distribución de activos adecuada, sino que proporcionaría un falso ahorro. 

 

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Sobre el Autor

Jose Garcia-Zarate  is an ETF analyst with Morningstar UK.