Camino hacia MiFID II: ¿conseguirá su objetivo financiero?

Es necesario ir más allá del cuestionario de riesgo y comprobar si el inversor puede alcanzar sus objetivos financieros

Fernando Luque 10/05/2017

En el artículo anterior insistimos en la importancia de establecer el objetivo de inversión (cuál es la finalidad de la inversión), el horizonte temporal y el nivel de riesgo para elaborar una propuesta de inversión. A través de un cuestionario que pretende medir las preferencias de riesgo en materia de inversiones, llegamos a una puntuación que permite situar al cliente o inversor en un determinado punto de la frontera eficiente.

Pero esta forma de encasillar al inversor tiene sus limitaciones. Nos podemos preguntar, por ejemplo, si unos sentimientos anticipados respecto a la posibilidad de perder o ganar dinero (es habitualmente una de las preguntas tipo en los cuestionarios de riesgo) debería conducir a una determinada estrategia de inversión. ¿Qué debería en realidad definir esa estrategia de inversión? Aquí entramos en el concepto que los anglosajones llaman el Goal Based Investing y que tiene que ver con invertir no sólo en función del perfil de riesgo (que es un factor que hay que tomar en cuenta desde luego) sino también en función del objetivo monetario que uno persigue.

Las coordenadas que uno tiene que considerar ya no son únicamente la rentabilidad y el riesgo. También habrá que situar el objetivo en función del tiempo y del valor monetario. ¿Por qué es eso importante y qué tiene que ver con MiFID? MiFID lo que pretende no es sólo dar mayor transparencia y mayor protección al inversor final. También pretende que el comercializador o distribuidor ofrezca al cliente un producto o servicio que más se adapte a sus objetivos.

Si sólo tuviéramos en cuenta la definición del perfil del cliente en función del riesgo, calificándolo como inversor defensivo, moderado o agresivo, podríamos cometer el error de que ese inversor nunca llegara a alcanzar sus objetivos. En la ilustración adjunta nuestro inversor, identificado como conservador en base al cuestionario de riesgo, nunca cumpliría su objetivo.

De alguna forma hay que hacer el camino inverso. En función del capital inicial y de las aportaciones que pueda realizar el inversor uno puede calcular la rentabilidad implícita con la que puede alcanzar su objetivo y a partir de ahí resituarle en el gráfico rentabilidad/riesgo.

Para complicarlo un poco más, habrá también que explicarle al cliente que no hay una certeza absoluta en alcanzar el objetivo deseado. Se trata de un ejercicio en el que, en función de las variables de partida (horizonte temporal, nivel de riesgo, capital inicial, aportaciones periódicas) existe una determinada probabilidad de lograr el objetivo.

 

Si quiere saber más sobre MiFID II visite nuestro sitio dedicado a ello

¿Cree que lo sabe todo sobre inversiones? Haga clic aquí para comprobarlo con nuestro test Morningstar Investing Mastermind.

Sobre el Autor

Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es

Confirmación audiencia


Nuestro sitio utiliza cookies y otras tecnologías para personalizar su experiencia y comprender cómo usan el sitio usted y otros visitantes. Ver 'Consentimiento de cookies' para más detalles.

  • Otros sitios web de Morningstar
© Copyright 2018 Morningstar, Inc. Todos los derechos reservados.      Términos de Uso  y nuestra      Política de privacidad    Consentimiento de cookies