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Distribución de activos: el enfoque Morningstar

Explicamos cuál es el proceso de construcción de carteras que aplica Morningstar

Morningstar 27/12/2016

La columna vertebral de la distribución de activos realizada por los gestores de Morningstar Investment Management (MIM), la división de gestión de activos de Morningstar, está basado en un conjunto de principios destinados a satisfacer de una mejor manera los intereses de los inversores, así como en importantes recursos internos dedicados a la investigación financiera.

El proceso de inversión reposa sobre seis principios de inversión:

  • Colocar al inversor en primer lugar («Investor first»).
  • Tener independencia de espíritu y de juicio.
  • Invertir para el largo plazo.
  • Tener en cuenta las valoraciones y los fundamentales.
  • Reducir los costes.
  • Mantener un enfoque holístico.

 

El proceso de inversión

Antes de definir la distribución de activos, es importante tener una visión clara de los fundamentales y valoraciones de las principales clases de activos a las que los gestores de Morningstar tienen acceso. Este trabajo se lleva a cabo internamente y tiene como objetivo establecer el rendimiento real esperado de cada clase de activo para el largo plazo (10 años).

Por ejemplo, el rendimiento a 10 años de las acciones se basa en la mejor comprensión posible, a nivel de las regiones y sectores, del cambio esperado en los múltiplos de valoración, de la evolución del crecimiento de los beneficios, de la rentabilidad total (dividendos y recompra de acciones) y de la inflación futura.

El mismo criterio se aplica a los bonos y al crédito.

Se hace especial hincapié en la valoración de las clases de activos, ya que es un factor determinante de lo bien que puedan hacerlo a largo plazo: ser capaz de detectar qué activos están infravalorados con respecto a sus fundamentales, por un lado y poder aprovechar estas oportunidades cuando los mercados ofrecen precios atractivos, por el otro.

Muchos inversores son capaces de hacer la primera parte del trabajo, pero el segundo requiere una mentalidad especial, que necesita tomar posiciones en los mercados poco o nada populares, por lo tanto, ser «contrarian».

La distribución de activos se construye a partir de la clasificación de las convicciones obtenidas del trabajo de análisis fundamental anterior, y tiene en cuenta el riesgo relacionado con la evolución del mercado y los posibles errores de evaluación.

El objetivo es encontrar las clases de activos con el mayor margen de seguridad, es decir, con el mayor descuento respecto a su valor razonable, tomando en cuenta así un concepto desarrollado en los años 30 por Benjamin Graham y popularizado por Warren Buffett.

Gestión del riesgo

La distribución de activos pretende combinar clases de activos poco correlacionadas, todo ello con el objetivo de preservar el capital y construir carteras que se comportarán de la mejor manera posible en diferentes entornos de mercado.

El análisis del riesgo es un proceso complejo, que interviene en todas las clases de activos y pueden variar con el tiempo. MIM define el riesgo como "la pérdida permanente de capital". La mejor manera de protegerse es adquirir activos con un amplio margen de seguridad.

La gestión del riesgo tiene como objetivo controlar lo mejor posible los fenómenos de "drawdown" (pérdida máxima) en base a una variedad de indicadores: desviación estándar, curtosis, asimetría, coeficiente de correlación, así como herramientas de tipo C-VaR para reflejar los riesgos de rentabilidad no estándar y comprender mejor el riesgo a la baja de una clase de activos.

Las carteras son también objeto de un proceso de optimización y análisis de sensibilidad. Luego son objeto de un seguimiento regular y de una gestión activa para tener en cuenta la evolución del mercado.

La asignación de activos de MIM no se construye respecto al índice de referencia, porque el objetivo es generar rentabilidades atractivas a largo plazo para un nivel dado de riesgo.

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