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Una lanza a favor de los fondos activos

En el debate entre gestión activa y gestión pasiva se han exaltado las virtudes de unos y exagerado los defectos de los otros

Fernando Luque 18/11/2016

Vaya por delante que soy de los que piensan que los ETFs son una herramienta estupenda (temas fiscales aparte) para los inversores, no solo institucionales sino también particulares. Si no existieran habría que inventarlos, desde luego.

El éxito de este tipo de productos, que se limitan a replicar un determinado índice de renta variable o de renta fija, es patente cuando uno analiza los flujos de dinero que reciben a nivel mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, por primera vez en la historia, los fondos cotizados y fondos índice están captando más dinero que los fondos de gestión activa (bueno, en realidad, los fondos activos están sufriendo reembolsos netos). El argumento que esgrimen los defensores de los ETFs es que la mayoría de los fondos supuestamente activos (aquí también habría que diferenciar entre los fondos puramente activos de aquellos que, aunque no llevan la etiqueta de fondos índice; se limitan a seguir de cerca el índice de referencia correspondiente) no consiguen batir a su benchmark.

Esa es la idea, por lo menos, que se ha instalado en la mente de los amantes de los fondos cotizados. Pero creo que merece la pena ser más precisos en cuanto al porcentaje de fondos activos que consiguen batir a su referencia. Porque cuando dice que la mayoría de fondos no baten a su índice, “la mayoría… ¿cuántos son? Dependerá, por supuesto, del tipo de activo del que estemos hablando.

Por ejemplo, si analizamos una categoría amplia como la de renta variable de gran capitalización de la Zona Euro, de los 894 productos existentes a nivel europeo, 290 consiguen batir al índice de referencia (en este caso hemos elegido el MSCI EMU con dividendos reinvertidos) en los últimos tres años. No está nada mal. Es prácticamente un tercio. Si alargamos el periodo de análisis a 5 años (los puristas dirán que habría que tener en cuenta el impacto de supervivencia… es decir, los fondos que tienen 5 años de historial de rentabilidad son aquellos que han sobrevivido hasta hoy en día; en el camino seguro que hay productos que han dejado de existir o se han fusionado con otros debido a sus malos resultados), el porcentaje sube hasta el 40%. Hay, por lo tanto, un 60% que, por así decirlo, no pasan la prueba. No es, sin duda, un resultado alentador… pero, hay que decir que no es fácil batir a un índice de referencia.

Y si no que se lo digan a los ETFs… porque lo que nadie (o pocos) se preguntan es: ¿cuántos ETFs de esta misma categoría consiguen batir al índice de referencia? Se lo voy a decir. En los últimos 3 años, de 50 productos disponibles a la venta en Europa tan sólo 24 pasan la prueba. Es decir, más o menos un 50% (frente a algo más de un 30% para los fondos). A 5 años, el porcentaje baja (sí, BAJA) hasta el 30% (frente al 40% de los fondos).

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Son mejores los ETFs que los fondos? Mi opinión es que se ha generado un debate maniqueo entre estas dos formas de invertir que no ayuda en nada al inversor. Se han exaltado las virtudes de unos y exagerado los defectos de los otros. Tienen características distintas y entender esas diferencias y particularidades es lo que permite al inversor tomar las mejores decisiones en cada caso particular.

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Sobre el Autor Fernando Luque

Fernando Luque  es el Senior Financial Editor de www.morningstar.es