PERSPECTIVAS: ¿Son eficientes todavía los mercados financieros?

Bernard Lalière, responsable de estrategias High Yield en Degroof Petercam, reflexiona sobre la eficiencia de los mercados financiero

External Writer 16/11/2015

El verano de 2015 fue muy agitado para los principales activos de riesgo, y a los días de ganancias significativas, les siguieron otros de grandes pérdidas. El nerviosismo en los mercados financieros no solo estuvo motivado por los decepcionantes datos macroeconómicos en China y Estados Unidos y los profit warnings de algunas compañías, sino también por la preocupación de los inversores sobre las recesiones y la destrucción de riqueza, lo que lleva a hacerse una pregunta fundamental: ¿Son eficientes todavía los mercados financieros?

El concepto de eficiencia de los mercados ha sido objeto de discusión durante muchos años y constituye claramente uno de los fundamentos principales de las finanzas modernas. Un mercado eficiente es aquel en el que el precio de los activos financieros refleja en todo momento toda la información relevante que está disponible. Es un mercado en el que los precios reflejan instantáneamente las consecuencias de los eventos pasados y anticipan los futuros. En ellos, cualquier información podría hacer variar el precio de los activos. Extrapolando esta definición a la situación del pasado verano, podríamos decir que, aunque es normal que la publicación de datos macroeconómicos decepcionantes desencadene una reacción instintiva en los mercados financieros, la caída de los precios de las acciones o la ampliación de los diferenciales de crédito y la volatilidad que se observó en aquellos días no puede explicarse por los elementos anteriormente citados solamente.

Asimismo, la eficiencia del mercado mejora a medida que los mercados se vuelven más líquidos, lo que significa que si una compañía es muy negociada, la información se integrará rápidamente en su precio. Por el contrario, las acciones menos negociadas reflejan la información disponible con algún retraso. Finalmente, la eficiencia también asume que los inversores son racionales y utilizan la información que reciben de manera coherente. Lógicamente, después de que se publique una inesperada buena noticia, los inversores apostarán por el activo y no lo venderán. Un inversor continuará siendo racional si toma sus decisiones en función de la decisión que ha adoptado alguien que dispone de más información que él. Por tanto, un inversor mantendrá un comportamiento racional vendiendo sus acciones si los ejecutivos de la compañía las venden también.

Como tal, el comportamiento de un inversor que decide vender sus activos de riesgo porque cree que el escándalo de Volkswagen dará lugar a inestabilidad en el mercado se considera que es racional. En este caso, las expectativas no se basan exclusivamente en la información fundamental, sino también en otros aspectos informativos relevantes, como el comportamiento de otros participantes. Sin embargo, este aspecto tiende a ser ignorado por los análisis del mercado financiero, y es incorrecto presuponer que un mercado eficiente es aquel que solo integra los denominados datos fundamentales en su mecanismo de precios. En otras palabras, los datos que están directamente relacionados con los resultados financieros de la compañía o de un país. De hecho, es perfectamente posible tener un mercado inmerso en una espiral negativa. El comportamiento ‘de rebaño’ de algunos inversores crea a menudo una reacción en cadena, y una actitud que se suele denominar mimetismo racional.

Para los inversores, esta actitud implica seguir de cerca las recomendaciones de los estrategas, analistas y otros profetas financieros. Esto supone que los inversores no tomarán decisiones basadas en sus convicciones y en vez de eso tendrán visiones fundamentadas en las opiniones de los ‘líderes’. Las consecuencias son lógicas: si la mayoría decide comprar los mismos activos a la vez, el poder del consenso tendrá una influencia devastadora que conducirá a un incremento de los precios durante el periodo de euforia y a una caída de los mismos en los momentos de pesimismo.

En tiempos de crisis, puede ser perjudicial hablar de irracionalidad y mercados ineficientes. Un mercado eficiente no descarta que pueda haber una brecha importante entre el precio que un valor debería tener, en base a su valor fundamental, y el precio de mercado. En concreto, los inversores pueden alejarse de la opinión que sólo se basa en los fundamentales y en su lugar, centrarse sobre todo en el comportamiento de sus compañeros. Esta actitud tiene su propia racionalidad y, a veces, explica los vaivenes del mercado que se producen de un día para otro sin que surjan nuevas informaciones. Este comportamiento está muy lejos de ser el ideal que existe en los mercados financieros y supone que el precio observado es igual al valor de los fundamentales de una compañía.

Bernard Lalière, responsable de estrategias High Yield en Degroof Petercam

 

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